Por Luis Guillermo Sánchez Tapia

 

Insignificancias

 

Salgo en busca de comida, tal y como dijo mi madre << ¡Hijo!, tú debes alimentar a todos tus hermanos>>. Y es que me resulta curioso y un tanto tonto, que sea el mayor por segundos. Y al único que le den responsabilidades. Salir a ganarse las migajas, ser más veloz, pues las ratas también se quieren alimentar, y no hablar de las cucarachas.

 

-Cuídate de las cucas, y de los roedores- Moviendo sus antenas fue lo único que dijo y huyó, se fue de la colonia para nunca regresar, ha sido la conversación que entable con mi padre, cuando menos lo conocí, a diferencia de todos mis hermanos.

 

        Y como un rayo deseoso, me sentí harto, harto de ver lo mismo todos los días, de ver a los seres que aplastan a mi estirpe, y deseé salvarme. Una lujuria que medra, una lascivia que me hace tener un solo pensamiento << ¡Salir de mi tiempo, del espacio, ir más allá a lugares de los que hablaba mi más antiguo familiar, visitar esas tierras insólitas que sólo viven en la imaginación! >>. La culpa la tienen las historias fantásticas que contaron los antiguos.

 

Tenía esos sueños de locura, de toda la vida; conocer más el mundo. El tatara, tatara, tatara… podría seguir así, por mucho tiempo. El primer ancestro que llegó a este lugar oscuro, sin vida, gris, pues ya no hay nada que me sorprenda. Aunque algo me resulta extraño: el ver a tanto bípedo con libros y más libros. Miles de textos por doquier.

 

Bullicio, sonidos sin sentido; los enormes seres tan asquerosos, que no tienen casi pelos, de diversos colores, algunos muy blancos, negros, morenos. Algunos no son tan enormes, más bien chaparros y jocosos. Nadie repara en mí, sandeces y tonteras; idioma extraño, es lo que alcanzo escuchar. Tal vez no entienda, pero sé que son cosas insulsas las que hablan esos entes.

 

Estos energúmenos van corriendo, se mueven a pasos acelerados, en busca de nada, saben que tienen prisa pero no saben a dónde ir. Pobres imbéciles. Van con sus bolsas de un lado para otro; a pasos vertiginosos, rápidos. Al menos así me parece, lo que para mí es un minuto de caminata a toda velocidad ellos lo hacen en un segundo, son veloces los condenados.

 

Uno de ellos posa su trasero en las escaleras. Algo que hace saltar mi atención son sus rasgos de insecto, así como nosotros, grandes mandíbulas, muchos pelos en sus grandes patas. Ella sí me nota, lanza su extremidad hacía mí, y dudoso subo. - ¡Qué bonita hormiga!- Estoy corriendo por entre sus garras y es divertido, algo fuera de este mundo. –Tu sí que me entiendes- No tengo ni la menor idea de lo que dice, pero me agrada.

 

Súbitamente llega un macho y sólo le dice -¿Qué paso Carmen?, ¿Cómo te la estás pasando en la FIL?- Este esbirro del mal me mira, también repara en mí, me mira con furia –¡Eee, deja esa hormiga!- Trata de golpearme, pero ella tan protectora me cuida; tengo que hacer algo- Me arrojo hacia el imbécil, debo actuar con premura < >.

 

Es el instante rencoroso. Todo desaparece, la furia, los pensamientos, sólo siento volar. Floto, en un segundo todo se vuelve vacuo. El aire inquebrantable me lleva a la tragedia. Un microcosmos, macrocosmos, todo parece ser uno. El tiempo se dilata, puedo verme tendido en el piso, ya muerto; y todos pasando por encima de mí, como si nunca hubiese existido. De manera abrupta salgo del sueño. Estoy en su miembro, y lo único que se me ocurre hacer es morderlo. <>.

 

-¡Ahhh, condenada hormiga, me vas a dejar una roncha!. Ya ves, maldita seas tú, hippie, pero eso me pasa por ser tu novio, so guarra. Amante de la naturaleza -Su dolor fue de mentira, una exageración, ¡Tan grandote y tan llorón!. Y con una facilidad junta sus falanges para arrojarme.

 

No me da tiempo de reaccionar, simplemente ya estoy en el piso, turbado. No logro resolver lo que pasó. Esto ya no fue agradable, fue demasiado impetuoso siquiera para reaccionar. Y en lo único que pienso es en mi hogar, ya no quiero salir, ya deseo permanecer aquí, entre los libros de eso que llaman la FIL de Minería. Ya sólo veo una sombra y todo se eclipsa. Siento un poco mi exoesqueleto quebrarse e irse…